poesias de rafael pombo

Biografia de Rafael Pombo

Sus padres fueron Lino de Pombo O Donell y Ana María Rebolledo, ambos pertenecientes a familias de la aristocracia de Popayán. Cuando el General Francisco de Paula Santander designó a Lino de Pombo como secretario del Interior y de Relaciones Exteriores, éste aceptó y viajó desde Popayán con su familia a bogotá. Cuando la familia llegó a Bogotá, Ana María Rebolledo tenía 9 meses de embarazo, por lo que poco después dio a luz a su primogénito José Rafael de Pombo Rebolledo.

cuentos de los hermanos grimm

Blanca Nieves y Los Siete Enanos 

Había una vez hace mucho tiempo, allá en el norte, a la mitad del invierno, cuando los copos de nieve caen como plumas desde el cielo, una reina que gustaba de coser sentada junto a una ventana que tenía los marcos hechos de ébano negro. Y mientras cosía y miraba hacia afuera el caer de la nieve, se punzó uno de sus dedos, y tres gotas de sangre cayeron sobre algunos copos de nieve que habían entrado por la ventana. Y vio aquella sangre preciosa sobre la blanca nieve, y pensó:

-"¡Oh!, ¡Si yo llegara a tener una niña que tuviera el blanco de la nieve, el rojo de la sangre, y el  negro del ébano del marco de esta ventana!"-

Pronto tuvo la dicha de tener una linda niña, que era tan blanca como la nieve, sus mejillas rojas como la sangre, y su cabello tan negro como el ébano. Por lo tanto la llamó Blanca-Nieves. Pero poco después de nacer la niña, la reina murió.

Después de pasado un año, el rey tomó otra esposa. Era bella, pero orgullosa y engreída, y no soportaba que existiera otra mujer que la sobrepasara en hermosura. Ella poseía un espejo mágico, y cuando se colocaba al frente y se miraba en él, le decía:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

Y el espejo contestaba:

-"Tú, gran reina, eres la más bella de todas."- 

Y ella quedaba satisfecha, porque sabía que el espejo le decía siempre la verdad.

Unos años después el rey falleció, pero Blanca-Nieves fue creciendo, y crecía más y más bondadosa, educada y preparada cada día, y cuando ya estaba joven era tan bella en su espíritu, como un día primaveral, y por todas sus buenas cualidades superaba en mucho a la belleza física de la misma reina.

Y llegó al fin un día en que la reina preguntó de nuevo:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

El espejo contestó:

-"Tú eres físicamente la más bella de todas las mujeres que hay por aquí, excepto por Blanca-Nieves, a quien su bondad la hace ser aún más bella que tú. Así lo creo."-

Entonces la reina se enfureció, y su tez se tornó amarilla y verde de la envidia. A partir de entonces, donde quiera que viera a Blanca-Nieves, su corazón se estremecía en su pecho, y llegó a odiar muchísimo a la muchacha.

A medida que la envidia y el orgullo crecían más y más en su corazón como una maleza, así también dejaba de tener paz en el día y en la noche.

En un momento dado, no soportando más, llamó a un cazador y le dijo: 

-"Llévate a la muchacha adentro del bosque, no quiero tenerla más a mi vista. Mátala, y tráeme su corazón al regreso como prueba."-

El cazador obedeció y la llevó lejos, pero cuando él sacó su cuchillo, y estaba a punto de herir a la inocente Blanca-Nieves, ella, llorando le dijo:

-"¡Ay, querido cazador, déjame vivir! Yo me internaré lejos en la espesura y nunca más volveré a casa de nuevo."-

Y como ella era tan dulce y buena, el cazador tuvo piedad y dijo:

-"Corre, vete lejos, pobre muchacha."- 

-"Las bestias salvajes pronto la devorarán."- se pensó él. 

Y sintió como si una enorme y pesada piedra se hubiera escapado de su pecho, ante el hecho de que ya no era necesario que tuviera que matarla. Y justo en ese momento un joven jabalí se acercó por donde él estaba, le sacó el corazón y se lo llevó a la reina como prueba de que la joven había muerto. 

Ahora la pobre muchacha se hallaba sola en el gran bosque, y tan aterrorizada que hasta las hojas de los árboles la asustaban. Entonces empezó a correr, y saltaba sobre filosas piedras y punzantes espinos, y las bestias salvajes corrían tras ella, pero no le hacían daño.

Ella corrió tan lejos como pudieron darle sus piernas hasta la llegada del anochecer. Entonces divisó una pequeña cabaña y entró en ella a dormir. Todo lo que había en la cabaña era pequeño, pero tan limpio y aseado como no podría describirse. Había una mesa con un mantel blanco y siete platos pequeños, y con cada plato una cucharita. Es más, había siete pequeños cuchillos y tenedores, y siete jarritas. Y contra la pared se hallaban siete pequeñas camas una junto a la otra y cubiertas con colchas tan blanquitas como la nieve.

La joven Blanca-Nieves estaba tan hambrienta y sedienta que ella tomó y comió un poquito de  vegetales y pan de cada platito y bebió una gota de vino de cada jarrita, porque no deseaba coger todo de un mismo plato y jarra. Entonces, al estar tan cansada, trató de acomodarse en alguna camita, pero a como iba probando, ninguna le asentaba bien, hasta que llegó a la última que sí le sirvió, y ahí se quedó. Dijo su oración, y se acomodó a dormir.

Cuando ya había oscurecido, regresaron los dueños de la cabaña. Eran siete enanos que cavaban y extraían oro y piedras preciosas en las montañas. Encendieron sus siete candelas, y con su luz observaron que alguien había estado allí, pues las cosas no estaban exactamente en el orden en que las acostumbraban tener.

El primero dijo:

-"¿Quién se ha sentado en mi silla?"-

El segundo:

-"¿Quien comió de mi plato?"-

El tercero:

-"¿Quién cogió parte de mi pan?"-

El cuarto:

-"¿Quién tomó parte de mis vegetales?"-

El quinto:

-"¿Quien usó mi tenedor?"-

El sexto:

-"¿Quién usó mi cuchillo?"-

El séptimo:

-"¿Quien bebió de mi jarra?"-

Entonces el primero observó alrededor y vio que había un pequeño hundimiento en su cama y dijo:

-"¿Quién se ha metido en mi cama?"-

Y los demás fueron a revisar sus camas, diciendo:

-"Alguien ha estado en nuestras camas también"-

Pero cuando el séptimo miró en su cama, vio a Blanca-Nieves, quien dormía profundamente allí.

Y llamó a los demás, quienes llegaron corriendo, y suspiraron con asombro, y trajeron sus siete candelas para alumbrar mejor a la joven Blanca-Nieves.

-"¡Oh, cielos!, ¡Oh, cielos!"- susurraban -  "¡Que encantadora muchacha!"- 

Y les encantó tanto que no la despertaron, y la dejaron dormir en la cama. Y el séptimo enano se acomodó entre sus compañeros, turnándose a ratos de un lugar a otro por toda la noche.

Cuando llegó el amanecer, Blanca-Nieves despertó, y se asustó cuando vio a los siete enanos. Pero ellos fueron amistosos y le preguntaron su nombre. 

-"Mi nombre es Blanca-Nieves."- contestó.

-"¿Y cómo fue que llegaste a nuestra cabaña?"- preguntaron los enanos.

Ella les dijo que la reina la mandó a matar, pero que el cazador le salvó la vida, y que corrió durante todo el día, hasta que por fin encontró su vivienda. Los enanos dijeron:

-"Si puedes tomar cuidado de nuestra casa, cocinar, arreglar las camas, lavar, coser y tejer, y mantienes todo limpio y nítido, puedes quedarte lo que quieras por nada."-

-"Sí, claro."- respondió ella, -"Con todo mi corazón."- y se quedó con ellos.

Les mantuvo su casa en orden. Ellos iban en las mañanas a las montañas a buscar oro y piedras preciosas, y al atardecer regresaban, encontrando ya lista su cena al llegar.

La joven tenía que quedarse sola todo el día, por lo que los buenos enanos siempre le decían:

 

-"Ten cuidado de la reina, pronto se enterará de que estás aquí, así que no dejes entrar a nadie."-

Mientras tanto, la reina, creyendo que ya Blanca-Nieves no estorbaba, no hacía otra cosa más que pensar en que ella era de nuevo la más hermosa. Y fue donde el espejo y dijo:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

y el espejo contestó:

-"Oh, reina, tú eres lo más bello que yo he podido ver,
   pero en las montañas, sobre las colinas, donde viven los siete enanos,
   Blanca-Nieves aún vive con muy buena salud,
   y no hay ninguna, que por su bondad, sea más bella que ella."-

La reina se quedó atónita, pues sabía que el espejo jamás mentía, y comprendió que el cazador la traicionó, y que por eso Blanca-Nieves aún vivía.

Y pensó y pensó de nuevo cómo podría matarla, para que aquella no siguiera siendo la más bella en el mundo. Y la envidia no la dejaba descansar. Cuando ya hubo meditado sobre qué hacer, se pintó la cara, y se disfrazó como una vieja vendedora, de tal manera que nadie la hubiera reconocido. Con ese disfraz se dirigió a la montaña a la casa de los siete enanos, tocó la puerta y gritó:

-"¡Vendo bellas cosas, baratitas, baratitas!"-

La joven Blanca-Nieves se asomó por la ventana y la llamó:

-"¡Buenos días, mi buena señora, qué es lo que tiene para vender?"-

-"Buenas cosas y bellas cosas"- contestó, -"lazos de muchos colores para lucir en la garganta"-, y ella jaló uno que estaba confeccionado con finas y coloridas sedas. 

-"Voy a pagarle a esa viejita"- pensó Blanca-Nieves.

Quitó la cerradura a la puerta y compró el lazo, y se lo colocó ella misma.

-"Jovencita"- dijo la mujer, -"Qué mal te lo pusiste. Permíteme ponértelo adecuadamente de una vez."-

Blanca-Nieves no sospechó nada y se mantuvo junto a ella y dejó que le montara el nuevo lazo. Pero la vieja mujer lo puso tan rápido y tan apretado que Blanca-Nieves perdió el sentido y la respiración, y cayó al suelo como muerta.

-"Ahora ya soy la más bella."- se decía a sí misma la reina, y se alejó rápidamente.

No mucho rato después, al atardecer, regresaron los siete enanos, pero se sintieron totalmente perturbados cuando vieron a su amada Blanca-Nieves yaciendo en el suelo, y que no se movía ni respondía y parecía como si estuviera muerta. La incorporaron y vieron que tenía un lazo muy apretado. Lo cortaron y ella comenzó a respirar lentamente, y al cabo de un rato se recuperó totalmente. Cuando los enanos escucharon lo que había pasado dijeron:

-"La vieja vendedora no era otra persona más que la malvada reina. Ten mucha precaución y no te acerques a nadie mientras no estemos contigo."-

Pero la perversa mujer, al llegar a su habitación, fue inmediatamente donde el espejo y preguntó:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

y el espejo contestó: 

-"Oh, reina, tú eres lo más bello que yo he podido ver,
   pero en las montañas, sobre las colinas, donde viven los siete enanos,
   Blanca-Nieves aún vive con muy buena salud,
   y no hay ninguna, que por su bondad, sea más bella que ella."-

Cuando ella oyó aquello, toda su sangre se le subió a la cabeza con furia, de saber que Blanca-Nieves seguía aún con vida.

-"Pero ahora"- se dijo, "pensaré algo que será tu final."

Y con ayuda de algo de brujería, en lo cual ella era experta, se fabricó un venenoso peine. Y tomó una nueva apariencia, con la forma de otra vieja mujer. Entonces volvió a ir a la casa de los siete enanos, tocó a la puerta y gritó con otra voz:

-"¡Vendo cosas buenas y baratas, baratas!"-

Blanca-Nieves se asomó y le dijo:

-"¡Váyase! ¡No puedo dejar entrar a nadie!"-

-"Supongo que al menos podrías mirar."- dijo la vieja.

Y sacó el venenoso peine y lo sostuvo en alto. Y le gustó tanto a la muchacha que la sedujo y abrió la puerta. Una vez hecha la compra, la vieja mujer dijo:

-"Ahora te peinaré apropiadamente como debe ser de una vez."-

La pobre Blanca-Nieves de nuevo no tuvo suspicacia, y dejó que la vieja hiciera como quiso. Pero no más había colocado el peine en su cabellera, cuando enseguida el veneno hizo efecto, y la joven cayó al suelo sin sentido. 

-"Tú, modelo de bondad"- dijo la malvada mujer, -"ya estás lista."- y se marchó.

Pero afortunadamente ya casi era el atardecer, la hora de regreso de los siete enanos. Cuando llegaron y vieron a Blanca-Nieves en el suelo, como muerta, enseguida sospecharon de la reina. La revisaron y encontraron el peine envenenado en la cabellera. Entonces de nuevo le recordaron a ella estar siempre en guardia y no abrir la puerta a nadie.

La reina, de nuevo en casa, corrió al espejo y dijo:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

y el espejo contestó:

-"Oh, reina, tú eres lo más bello que yo he podido ver,
   pero en las montañas, sobre las colinas, donde viven los siete enanos,
   Blanca-Nieves aún vive con muy buena salud,
   y no hay ninguna, que por su bondad, sea más bella que ella."-

Cuando ella oyó al espejo hablar así, se estremeció y golpeteó con rabia.

-"Blanca-Nieves deberá morir"- gritó ella, -"aunque me cuesta la vida."-

Inmediatamente bajó a un salón secreto, solitario, donde nadie más que ella podía llegar, y allí hizo una muy venenosa manzana. Por fuera la manzana se vería preciosa, con unos pómulos rojizos muy atrayentes, que cualquiera que la viera desearía tomarla, pero quien mordiera aún una pequeña porción, de seguro moriría. 

Cuando estuvo terminada la manzana, se pintó la cara, y se vistió como una campesina, y así regresó a la casa de los siete enanos en la montaña. Tocó a la puerta. Blanca-Nieves asomó su cabeza por la ventana y dijo:

-"¡No puedo abrirle a nadie!, los enanos me lo han prohibido!

-"Me da lo mismo"- contestó la mujer, -"Pronto terminaré con mis manzanas. Pero te obsequiaré una para ti."- 

-"No"- dijo Blanca-Nieves, -"No debo aceptar nada."- 

-"¿Temes que estén envenenadas?"- dijo la vieja mujer. -"Mira, cortaré la manzana en dos piezas. Tú te comes la orilla roja, y yo la parte blanca."-

La manzana estaba tan perfectamente confeccionada, que solamente la parte roja contenía el veneno. Blanca-Nieves deseaba la manzana, y cuando vio que la mujer comía tranquilamente su parte blanca, no resistió más y tomó en sus manos la porción envenenada. Pero no había terminado de saborear el primer bocado, cuando cayó como muerta. Entonces la reina la miró con una mirada terrorífica, y se rió fuertísimo diciendo:

-"¡Blanca como la nieve, roja como la sangre y negra como la madera de ébano! Esta vez los enanos no podrán reanimarte de nuevo"-

 Y ya en su habitación, cuando preguntó al espejo:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

al fin le dijo:

-"Oh, reina, en este mundo, tú eres la más bella de todas."-

Entonces su envidioso corazón sintió descanso, si es que un corazón envidioso puede llegar a tener algún descanso.

Cuando regresaron los enanos al atardecer, encontraron de nuevo a Blanca-Nieves yaciendo en el suelo. No se le sentía respirar y parecía muerta. La levantaron, la revisaron a ver si encontraban algo venenoso, le soltaron lazos, revisaron su cabellera, la lavaron con agua y vino, pero todo fue en vano. La pobre muchacha seguía como muerta. La colocaron entonces en un ataúd, y los siete se sentaron alrededor y lloraron por ella, y lloraron durante tres largos días.

Entonces ellos fueron a enterrarla, pero lucía tan linda como si estuviera viva, y aún conservaba sus rojas mejillas. Ellos dijeron:

-"No la enterremos en la oscura tierra."-

Y construyeron un ataúd de cristal transparente, de modo que pudiera ser vista de todos lados, y la colocaron allí, y escribieron su nombre en letras doradas, y que era hija del rey. Entonces pusieron el ataúd en lo claro de la montaña, y uno de ellos siempre se quedaba acompañándola y vigilándola. Y llegaron también aves y lloraron por ella. Primero un búho, luego un cuervo, y de último una paloma.   

Y ahora Blanca-Nieves estuvo por largo tiempo en el ataúd, y no cambiaba nada en absoluto, siempre aparentando que estaba dormida, porque era blanca como la nieve, roja como la sangre, y su cabello negro como el ébano.

Sucedió sin embargo, que el hijo de otro rey llegó al bosque, y fue a la casa de los enanos a pasar la noche. Y vio el ataúd en la montaña con la bella Blanca-Nieves dentro de él, y leyó las letras doradas que los enanos le habían escrito. Entonces dijo a los enanos:

-"Permítanme llevármela con el ataúd, yo le daré a ustedes lo que pidan por ella."-

Pero los enanos respondieron:

-"No la dejaríamos ir por todo el oro del mundo."-

Entonces les dijo:  

-"Permítanme tenerla como un obsequio, porque no podría vivir sin ver a Blanca-Nieves. Yo la honraré y valoraré como mi más amada posesión."

Al hablar de ese modo, los enanos se compadecieron y le entregaron el ataúd.

Ahora el hijo del rey la hizo cargar en los hombros de sus sirvientes. Pero ocurrió que tropezaron con la raíz de un árbol, y con el golpe, el pedacito de manzana envenenada que Blanca-Nieves había mordido, salió disparado de su boca. Y al momento ella abrió los ojos, levantó la tapa del ataúd, se sentó, y una vez más le volvió la conciencia. 

-"¡Oh, cielos!, ¿dónde estoy?" - preguntó sorprendida.

El hijo del rey, lleno de gozo, dijo:

-"Estás conmigo."-

Y le contó todo lo acontecido y agregó:

-"Te quiero más que nada en el mundo, ven conmigo al palacio de mi padre, y te haré mi esposa."-

Blanca-Nieves aceptó y fue con él, y su boda fue celebrada con gran ceremonia y esplendor. Pero la malvada reina también fue invitada a la fiesta. Cuando ella ya se había arreglado glamorosamente en espléndidos vestidos, fue al espejo y le dijo:

-"Espejito, espejito, que estás en la pared ¿Quién en esta tierra es la más bella?"-

y el espejo contestó:

-"Oh, reina, eres lo más bello que yo he visto,
   pero la joven reina, por su bondad, es aún más bella que tú. 

Entonces la perversa mujer maldijo todo, y se sentía tan infeliz, pero tan infeliz, que no sabía qué hacer. Al principio no quería ir a la boda del todo, pero no tenía paz, y decidió ir a conocer a la joven princesa. Y cuando ingresó al salón, reconoció a Blanca-Nieves, y quedó paralizada de rabia y rencor, y no se pudo mover. Pero ya se habían preparado unas zapatillas con polvo de pimientos picantes, que fueron traídas por los sirvientes, y las pusieron al frente de ella. Entonces fue forzada a ponerse aquellas zapatillas, y bailó y bailó hasta que cayó exhausta de agotamiento. Y desde entonces fue llevada a una habitación aislada donde pasó el resto de sus días.

Enseñanza: 

La envidia, y el no saber aceptar con humildad el éxito ajeno, conducen hasta la muerte del alma con el cuerpo vivo.


 

Pichoncito-   

Había una vez un cazador que entró en el bosque para cazar, y cuando él se internó  oyó un sonido de grito como si un pequeño niño estuviera allí. Él siguió el sonido, y por fin llegó a un gran árbol, y en lo alto de éste estaba un pequeño niño sentado, ya que la madre había fallecido bajo el árbol con el niño, y una ave de rapiña que lo había visto en sus brazos, había volado hacia abajo, y arrebatándolo, lo había puesto en su nido en lo alto del árbol.

El cazador subió al nido, y bajó al niño, y pensó para él:

-"Lo llevaré a casa conmigo, y lo criaré junto con mi Lina."-

 Él lo llevó a su casa, y por lo tanto, los dos niños crecieron juntos. Sin embargo, el que había sido encontrado en un árbol fue llamado Pichoncito, ya que inicialmente una ave se lo había llevado a su nido. Pichoncito y Lina se querían tanto el uno al otro que cuando uno de ellos no veía cerca a su compañero se ponía triste.

El cazador, sin embargo, tenía a una vieja cocinera, que sin él saberlo era una bruja, y ella una tarde tomó dos baldes y comenzó a traer agua, y no fue sólo una vez, sino muchas veces, a la fuente por el agua. Lina la vio y le dijo:

-"Escuche usted, vieja Sanna, ¿por qué trae tanta agua?"-

-"Si tú nunca se lo repites a otra persona, te diré por qué."-

Entonces Lina dijo:

-"Sí, nunca se lo repetiré a nadie"-

,Entonces la cocinera dijo:

-"Temprano mañana por la mañana, cuando el cazador salga a su labor, calentaré el agua, y cuando hierva en la caldera, lanzaré allí a Pichoncito, y lo herviré en ella."-

A la mañana siguiente el cazador despertó y salió a cazar, y cuando él ya se había ido los niños estaban todavía en la cama. Entonces Lina dijo a Pichoncito:

-"Si tú nunca me abandonas, yo nunca te abandonaré a ti."-

Pichoncito contestó:

-"Ni ahora ni nunca te dejaré."-

 Lina entonces dijo:

-"Entonces te contaré. Anoche, el viejo Sanna llevó tantos cubos de agua a la casa que le pregunté por qué hacía esto, y ella me dijo que si yo prometía no decírselo a nadie  ella me lo diría, y yo le dije que yo estaría segura de no decirlo a nadie, y entonces ella  me dijo que temprano mañana por la mañana mientras mi padre cazaba, ella pondría a hervir la caldera llena de agua, y te lanzaría en ella y te herviría a ti; pero nos levantaremos rápidamente, nos vestiremos, y nos marcharemos juntos."

Los dos niños por lo tanto se levantaron, se vistieron rápidamente, y se marcharon. Cuando el agua en la caldera ya hervía, la cocinera entró en el dormitorio para traer a Pichoncito y lanzarlo en la caldera. Pero cuando ella entró, y fue a las camas, ambos  niños ya no estaban. Entonces ella se alarmó terriblemente, y se dijo:

-"¿Qué diré ahora cuándo el cazador llegue a casa y vea que los niños se han ido? Debo ir tras ellos al instante para regresarlos de nuevo."-

Entonces la cocinera envió a tres criados tras ellos, que debían correr y alcanzar a los niños. Los niños, sin embargo, estaban sentados fuera del bosque, y cuando vieron desde lejos correr a los tres criados, Lina dijo a Pichoncito:

-"Nunca me abandones y nunca te dejaré."-

 Pichoncito dijo:

-"Ni ahora, ni nunca yo te dejaré."-

 Lina entonces dijo:

-"Conviértete en un rosal, y yo seré la rosa sobre ti."-

 

 Cuando los tres criados llegaron, no había nada allí, excepto un rosal con una rosa, pero no vieron a los niños por ninguna parte. Entonces dijeron ellos:

-"No hay nada que hacer aquí."-

 Y regresaron a casa y le dijeron a la cocinera que ellos no habían visto nada en el bosque excepto un pequeño rosal con una rosa. Entonces la vieja cocinera los  reprendió diciéndoles:

 -"Ustedes, simplones, debieron haber cortado el rosal en dos y separado la rosa  y traerlo a casa con ustedes; ahora vayan ya y háganlo de una vez."-

 Por lo tanto ellos tuvieron que salir  y buscar por segunda vez. Los niños, sin embargo, los vieron venir a la distancia. Entonces Lina dijo:

-"Nunca me abandones y nunca te dejaré."-

 Pichoncito dijo:

-"Ni ahora, ni nunca te dejaré."-

 Lina entonces dijo:

-"Conviértete en una iglesia, y yo seré la araña de luces dentro de ella"-

Cuando los criados llegaron, no vieron nada más que una iglesia con su araña de luces. Y se dijeron entre sí:

-"Nada podemos hacer aquí, regresemos a casa"-

Cuando ellos llegaron a casa, la cocinera preguntó si no los habían encontrado; entonces ellos dijeron que no, que sólo habían encontrado una iglesia, y que había una araña de luces en ella.

Y la cocinera los reprendió y les dijo:

-"¡Ustedes tontos! ¿Por qué no tiraron la iglesia a pedazos, y trajeron la araña de luces a casa con ustedes?"-

 Y ahora la vieja cocinera, ella misma se puso a caminar, y fue con los tres criados en la búsqueda de los niños. Los niños, sin embargo, vieron desde lejos que los tres criados venían, y a la cocinera caminando atrás de ellos. 

Lina dijo:

-"Nunca me abandones y nunca te dejaré."-

 Pichoncito dijo:

-"Ni ahora, ni nunca te dejaré."-

 Lina entonces dijo:

-"Conviértete en un estanque, y yo seré el pato sobre ella"-

 Al llegar la cocinera, ésta vio el estanque y se agachó para beberlo, y estaba en eso cuando el pato nadó rápidamente, se subió sobre la cabeza de la vieja y le picoteó la cabeza con su pico y la vieja bruja resbaló, se golpeó y se ahogó en el estanque. Entonces los niños tomaron su forma normal y se fueron a casa juntos, y en adelante vivieron tranquilos por no tener ya en casa a la malvada vieja bruja. 

Enseñanza: 

Una firme unión provee una inmensa fortaleza contra los enemigos.

 

 

El Viejo Sultán  

Un agricultor una vez tenía un perro fiel llamado Sultán, que había envejecido y perdido todos sus dientes, de modo que ya no podía sostener nada firmemente. Un día el agricultor estaba de pie con su esposa en la puerta de la casa, y le dijo, 

-"Mañana tengo la intención de pegar un tiro al Viejo Sultán, ya que no sirve para nada."-

Su esposa, que sintió compasión para la bestia fiel, contestó, 

-"Él nos ha servido por tanto tiempo, y sido tan fiel, que bien podríamos conservarlo."

-"¡Eh! ¿qué?"- dijo el hombre. -"No lo has analizado bien. Él no tiene un solo diente en su boca, y ningún ladrón le tiene miedo; por lo que podemos deshacernos de él. Si él nos ha servido,  ya ha tenido buena alimentación y buen trato por ello."

El pobre perro, quién yacía estirado en el sol no muy lejos, había oído todo, y sintió tristeza de que mañana debía ser su último día. Él tenía a un buen amigo, el lobo, y salió sigilosamente a buscarlo por la tarde al bosque, y se quejó ante él del destino que le esperaba. 

-"Escúchame, amigo,"- dijo el lobo, -"levanta tu ánimo, te ayudaré con tu problema. He pensado en algo. Mañana, al amanecer, tu patrón va con su esposa a recoger el heno, y ellos llevarán a su pequeño niño con ellos, ya que nadie queda en la casa. Ellos suelen, durante el tiempo de trabajo, poner al niño bajo el seto en la sombra; y tú te pones allí también, justo como si desearas cuidarlo.  Entonces saldré de entre los arbustos y me llevaré al niño. Tú te precipitas  rápidamente detrás de mí, como si estuvieras tratando de agarrarme. Yo dejaré caer al niiño, y tú lo recogerás y lo llevarás de nuevo a sus padres, que pensarán que lo has salvado, y quedarán demasiado agradecidos para hacerte daño; al contrario, te pondrán muy en alto, y ellos nunca pensarán en maltratarte de nuevo."-

El plan complació el perro, y fue realizado como se planeó. El padre gritó cuando vio al lobo correr por el campo con su niño, pero cuando el Viejo Sultán lo devolvió, entonces se llenó de  alegría, y lo acarició y le dijo, 

-"No se le hará daño ni a un pelo tuyo, comerás de mi pan libremente mientras vivas."-

Y a su esposa le dijo, 

-"Vete a casa inmediatamente y hazle al Viejo Sultán una sopa de pan que él no tenga que morder, y tráele la almohada de mi cama, que se la daré para que repose sobre ella."- 

De aquí en adelante el viejo Sultán estuvo de lo mejor que él podía desear estar.

Poco después el lobo lo visitó, y estuvo contento de que todo había tenido tan buen éxito. 

-"Pero oye amigo,"- dijo el lobo, -"guíñame un ojo cuando haya una posibilidad de llevarme a una de las ovejas gordas de tu patrón."-

- "No pienses así,"- contestó el perro; -"yo permaneceré fiel a mi patrón; por lo que no puedo estar de acuerdo con eso."-

El lobo, que pensó que esto no podía ser dicho de veras, vino arrastrándose sigilosamente por la noche para llevarse a las ovejas. Pero el agricultor, a quien el Sultán fiel había dicho el plan del lobo, lo agarró y abatió su cuerpo fuertemente con el látigo. El lobo tuvo que huir, pero le lanzó un grito al perro, 

-"Espera un poco, sinvergüenza, vas a pagar por esto."

A la mañana siguiente el lobo envió a un jabalí para desafiar al perro a entrar en el bosque de modo que ellos pudieran dilucidar el asunto. 

 

El Viejo Sultán no podría encontrar nadie que lo apoyara en ese momento, excepto un gato con sólo tres patas, y cuando ellos salieron juntos, el pobre gato cojeaba a lo largo del camino, y al mismo tiempo estiraba su cola en el aire con dolor.

El lobo y el jabalí estaban ya sobre el terreno designado, pero cuando vieron a su adversario venir, pensaron que traía un sable con él, ya que confundieron la cola extendida del gato con eso. Y cuando la pobre bestia saltaba en sus tres piernas, ellos sólo podrían pensar que recogía una piedra para lanzarla contra ellos. Entonces estaban ambos llenos de miedo; y el jabalí se arrastró bajo un tronco, y el lobo saltó subiéndose a un árbol.

El perro y el gato, cuando llegaron al sitio, se preguntaron por qué no había nadie a la vista. El jabalí, sin embargo, no había sido capaz de esconderse totalmente; y una de sus orejas  todavía podía ser vista. Mientras el gato miraba con cuidado a su alrededor, el jabalí  movió su oreja; y el gato, que pensó que era un ratón que se movía,  brincó sobre ella y la mordió con fuerza. El jabalí hizo un ruido temeroso y se escapó, gritando, 

-"¡El culpable está arriba en el árbol."-

El perro y el gato buscaron y encontraron al lobo, quien estaba avergonzado de haberse mostrado tan tímido, pidió disculpas y  renovó su amistad  con el perro.

Enseñanza: 

La mútua, honesta y sincera fidelidad entre servidor y patrón, siempre provee magníficos y sanos beneficios para ambos.

 

 

El amado Rolando   

Había una vez, hace muchos años, una mujer que era una bruja de verdad y tenía en su casa dos chicas, una fea y mala, a quien ella amaba porque era su propia hija, y la otra era hermosa y buena, pero a ésta la odiaba, porque era su hijastra. La hijastra una vez tenía un delantal muy bonito que la otra deseaba tanto que su deseo se convirtió en envidia, y le dijo a su madre que ella debería de tener y que tendría que llegar a tener ese delantal tan hermoso. 

-"Cállate, hija mía,"- dijo la madre, -"tú lo tendrás. Tu hermanastra recibirá una sorpresa inesperada. Esta noche cuando esté dormida: Yo iré y la convertiré en un horrible pájaro. Sólo ten cuidado de que tú estés en el otro lado de la cama, y la empujas al frente."- 

Todo hubiera salido así con la pobre muchacha si ella no hubiera estado justo en ese momento en un rincón, y oído todo. Durante todo el día no se atrevió a salir de casa, y cuando llegó el momento de ir a la cama, la hija de la bruja se metió de primera, con el fin de estar en el otro lado, pero cuando ella estaba dormida, la otra la empujó suavemente hacia el frente, y tomó para sí el lugar en la parte trasera, cerca de la pared. En la noche, la anciana entró sosteniendo su varita mágica en su mano derecha,  y tocando con la mano la izquierda para ver si alguien estaba acostado en el lado  exterior. Entonces ella movió su varita y convirtió en un horrible pájaro lleno de espantosas plumas a su propia hija.

 

Cuando ella se había ido, la joven se levantó y se fue donde su novio, quien era  llamado Rolando, y llamó a su puerta. Cuando salió, le dijo: 

-"Óyeme, querido Rolando, debemos irnos a toda prisa, mi madrastra me quería transformar, pero lo ha hecho con su su propia hija. Cuando la luz del día venga y vea lo que ha hecho, estaríamos perdidos."-

-"Pero"-, dijo Rolando, -"Yo te aconsejo que primero le quites su varita mágica, o no podríamos escapar si nos persigue."- 

La muchacha trajo la varita mágica, y tomó del horrible pájaro tres plumas que dejó caer una al frente de la cama, otra en la cocina, y la otra en la escalera.

Entonces ella se alejó con su novio. Cuando la vieja bruja se levantó en la mañana siguiente, llamó a su hija, y quería darle el delantal, pero ella no vino. Entonces la bruja gritó: 

-"¿Dónde estás?"- 

-"Aquí, en la escalera, estoy barriendo"-, respondió la primera pluma.

La anciana salió, pero no vio a nadie en las escaleras y gritó de nuevo: 

-"¿Dónde estás?"- 

-"Aquí en la cocina, me estoy calentando", exclamó la segunda pluma. 

Ella fue a la cocina, pero no encontró a nadie. Luego volvió a gritar, 

-"¿Dónde estás?"- 

-"Ah, aquí en la cama, durmiendo."-, gritó la tercera pluma. 

Entró en la habitación y ¿Qué vio allí?

A su propia hija, convertida en el horrible pájaro que ella había creado. La bruja cayó en una gran pasión, saltó a la ventana, y como ella podía mirar hasta muy largo en el mundo, percibió a su hijastra corriendo lejos con su amado Rolando.

-"Eso no te servirá"-, exclamó, -"incluso si ya han recorrido un largo camino, no se me escaparán todavía."-

Se puso sus botas de pasos de muchas leguas, y lo que era una hora de marcha, lo hacía en un solo paso, y no pasó mucho tiempo antes de que ella se les acercara. La joven, sin embargo, cuando vio a la anciana acercándose hacia ellos, como tenía la varita mágina, convirtió a su novio Rolando en un lago, y ella misma se transformó en un pato nadando en sus aguas.

La bruja se colocó a la orilla, arrojó migas de pan, e hizo todo lo posible para atraer al  pato, pero el pato no se dejó seducir, y la anciana tuvo que irse a su casa por la noche tal como había llegado. En esto, la chica y su novio Rolando reanudaron sus formas naturales de nuevo, y caminaron toda la noche hasta el amanecer. Entonces la doncella se transformó en una hermosa flor que estaba en medio de un seto de brezo, y su novio Rolando en un músico.

No pasó mucho tiempo antes de que la bruja llegara a grandes zancadas hacia ellos, y le dijo al músico: 

-"Querido músico, podría yo arrancar esa flor hermosa para mí?"- 

-"Oh, sí"-, respondió: -"Voy a tocar para usted mientras lo hace."- 

 

A medida que rápidamente ella se introducía en la cobertura y estaba a punto de coger la flor, porque bien sabía que la joven era la flor, Rolando comenzó a tocar, y ella, queriéndolo o no, se vio obligada a bailar, porque era una danza mágica. Entre más  rápido él tocaba, más grandes los saltos que tenía que dar, y los espinos rasgaban sus vestidos de su cuerpo, y se pinchó y se hirió hasta sangrar, y como él no se detenía, ella tuvo que bailar hasta que cayó exhausta en el suelo, perdiendo todas sus capacidades de bruja.

Cuando se sintieron liberados, Rolando dijo: 

-"Ahora iré donde mi padre y haré los arreglos para la boda."- 

-"Entonces, mientras tanto, me quedaré aquí esperando por ti,"- dijo la joven -"y para que nadie me pueda reconocer, voy a cambiarme a mí misma en una piedra de color rojo sobresaliente de la tierra."-

Entonces Rolando se fue, y la chica era una piedra de color rojo sobresaliente en el campo y así esperaría a su amado. Sin embargo, cuando Rolando llegó a su casa, cayó en las trampas de otra joven, que prevaleció en él tanto que se olvidó de la primera doncella. La pobre muchacha, en forma de piedra, se quedó allí mucho tiempo, pero al final, como Rolando no volvió del todo, estaba triste, y se cambió a sí misma en una flor, y pensó: 

-"Alguien vendrá seguramente por este camino, y me pisoteará."-

Sucedió, sin embargo, que un pastor guardaba sus ovejas en el campo, y vio la flor, y como era tan bonita, la arrancó, se la llevó y la puso en un cofre. A partir de ese momento en adelante, cosas extrañas sucedieron en la casa del pastor. Cuando se levantaba por la mañana, todo el trabajo ya estaba hecho, la habitación estaba barrida, la mesa y los bancos de trabajo limpios, el fuego en la chimenea estaba encendido, y el agua había sido traída, y al mediodía, cuando llegaba a casa, la mesa estaba servida con un buen almuerzo.

Él no podía concebir cómo esto sucedía, ya que nunca vio a un ser humano en su casa, y nadie pudo haberse escondido en ella. Estaba contento sin duda con esta buena  asistencia, pero aún así, estaba tan asustado que fue a ver a una mujer sabia y le pidió su consejo. La mujer sabia dijo: 

-"Hay algo de magia detrás de todo eso, observa muy temprano, una mañana, si algo se está moviendo en la habitación, y si ves algo diferente, sea lo que sea, tírale una tela blanca encima, y así la magia se detendrá."-

El pastor hizo lo que se le había mandado, y a la mañana siguiente, justo cuando  amaneció, vio el cofre abierto, y salir a la flor. Rápidamente saltó hacia ella, y le lanzó un paño blanco. Instantáneamente, la transformación llegó a su fin, y una hermosa  muchacha estaba ante él, quien le dijo que ella había sido la flor, y que hasta ese momento había asistido a su limpieza. Ella le contó su historia, y como ella le gustaba, le  preguntó si se casaría con él, pero ella respondió: 

-"No,"-  porque ella quería seguir siendo fiel a su amor de Rolando, a pesar de que la había abandonado, pero prometió que no se iría sin razón alguna, y mantendría siempre preparada la casa del pastor mientras ella estuviera allí.

Y ahora se acercaba el tiempo cuando la boda de Rolando con la otra joven se iba a celebrar, y entonces, de acuerdo con una antigua costumbre en el país, se anunció que todas las jóvenes iban a estar presentes en la boda, y cantarían en honor de los novios. Cuando la doncella fiel oyó hablar de esto, ella se puso tan triste que pensaba que su corazón se rompería, y no iría allá, pero las otras chicas se acercaron y la llevaron. Cuando llegó su turno para cantar, ella dio un paso atrás, hasta que por fin fue la única que quedó, y entonces no podía negarse. Pero cuando ella comenzó su canción, y llegó a oídos de Rolando, él se levantó y gritó: 

-"¡Conozco esa voz, es mi verdadera novia, no tendré a ninguna otra!"-

Todo lo que había olvidado, y que había desaparecido de su mente, de repente volvió a su corazón. A continuación, la fiel novia celebró su boda con su novio Rolando, y el dolor llegó a su fin y comenzó la alegría.

Enseñanza: 

Lo que bien se arraiga, no se pierde fácilmente.